La seguridad de tus datos es tremendamente importante. Si no, que se lo pregunten a Google, que gracias a ellos lo sabe todo, todito de ti.
En la actualidad, muchos expertos, como Seth Stephens-Davidowitz, que concedía una entrevista a El Mundo hablando del tema, consideran que el big data representará la máxima revolución de la historia en materia de ciencias sociales.
¿De dónde viene esa presunción?
De la realidad, amigos. Actualmente, el mejor indicador de la sociedad, de sus inquietudes, de sus sueños y de sus neuras en general es el big data. Solo entrando en Google Trends podemos saber cuántas búsquedas tiene un término en cada lugar del mundo. Y los resultados a veces asustan, y otras, simplemente, nos representan.
En persona estamos entrenados a mentir. Le podemos decir a un encuestador que votaremos a la izquierda sabiendo que nos decidiremos por la extrema derecha. O prometerle a la cara a nuestra pareja que nunca hemos pensado en otra persona, y nadie podrá descubrirnos. Pero la buena, o mala, noticia es que la información que dejamos tras nosotros en Internet no sabe, ni quiere, decir mentiras.
Antropológicamente tiene un sentido que mintamos. En muchos casos se debe al sesgo de deseabilidad social, que consiste en no decir la verdad para encajar mejor en nuestro entorno o en lo que creemos que deberíamos decir o hacer para no ser reconocidos como seres socialmente disfuncionales.
Stephens-Davidowitz define a Google como el suero de la verdad, y no se equivoca en absoluto. Al buscador le contamos nuestros mayores secretos sin ni siquiera ser conscientes de ello. Seth Stephens-Davidowitz, ex trabajador de Google afirma que el big data conformado por todas nuestras búsquedas forma el conjunto de datos sobre la psique humana más importante que se haya podido recopilar en la historia. Y sigue diciendo la verdad. El retrato que podemos hacer de nuestra sociedad analizando lo que buscamos (y lo que no buscamos tanto) es exacto y brutal.
Gracias a Google, podemos saber que, por ejemplo, nos suele importar más el tamaño o bienestar de nuestros genitales que nuestra salud en general. El análisis que ha hecho el analista de datos cuenta que, en general, somos más egocéntricos, depresivos y racistas de lo que queremos, normalmente, reconocer. ¿Estamos ante una era en la que no podremos aparentar? ¿Es nuestra huella digital el chivato de la clase pero sumándole omnipotencia?
Una verdad muy útil
¿Y por qué Google nos hace esto? ¿Por qué delata nuestras inquietudes y dudas excéntricas? ¿A quién le preguntaríamos si no si existe el picor de pelo? No debemos alarmarnos. La verdad siempre es útil ya que, como dice el autor, solo conociendo los problemas del mundo podremos solucionarlos.
Si analizando todo este big data nos damos cuenta de los problemas en regiones concretas, por ejemplo, de que el norte de un país es más racista que su sur, podemos aplicar medidas políticas y sociales para que eso se revierta y vivamos en una sociedad más tolerante.
Además, hay sectores en los que esto puede aportar datos realmente útiles. Por ejemplo, por qué casi nunca se cumplen las encuestas electorales? Porque mentimos a la cara. Pero si analizáramos las búsquedas, probablemente otro gallo cantaría. Mejor dicho, cantaría el mismo en las urnas que en los datos.
La importancia de tener conciencia de nuestros datos
Aunque estemos ante un fenómeno que no podemos evitar, esta reflexión nos ayuda, cuanto menos, a ser más conscientes de la importancia de nuestra huella digital. No dejemos de buscar lo que nos inquieta o lo que pensamos que solo nos atormenta a nosotros, para eso se inventó esta tecnología. Pero tengamos presente que vivimos en la sociedad de los datos, y que está en nuestra mano lo que damos y cómo lo damos.