Desinformados y descuidados, ¿nos importa realmente nuestra privacidad?

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Estamos rodeados de noticias, links y pop-ups que nos hablan de nuestra seguridad digital. Pero, ¿somos conscientes usuarios y empresas de su importancia?

En los últimos años, muy aislado tiene que estar uno para no haber oído hablar de brechas de seguridad en Internet, filtraciones de datos personales, revelación de contraseñas, etc. Y eso que, probablemente, hasta los más alejados de esos servicios recuerden el fatídico escándalo de Ashley Madison en el que cientos de infieles quedaron destapados, precisamente, por un fallo de seguridad.

¿Nos preocupa de verdad?

Pero, al parecer, todo este conocimiento no es suficiente. Según un estudio de una organización interna de IBM, usuarios y empresas aún estamos en ese punto de “no me va a tocar a mí”. La noticia que venimos a dar es, cuanto menos, desalentadora: sí que toca. Y cuando toca puede hacer mucho daño a tu empresa o dejar al descubierto información que quizá no quieres compartir, si eres un usuario.

Un 16% de los usuarios encuestados en el estudio habían cambiado la forma en que consumían Internet debido a su conocimiento sobre privacidad y seguridad. Ese 16% de personas eran conscientes del problema y le ponían, a su manera, solución. Levantemos todos las manos del teclado para darles un pequeño aplauso. Y queremos aplaudirles porque ese 16% debería ser un 90% si las 9 de cada 10 personas que habían sido previamente preguntadas hubieran sido honestas con su preocupación. Efectivamente, 9 de cada 10 de los encuestados afirmaban estar más preocupados que antes por cómo las empresas usaban sus datos. Pero parece que un 74% de ellos no lo está lo suficiente como para cambiar sus hábitos digitales.

Hay datos más preocupantes: 1 de cada 3 personas dijo no conocer ninguna brecha de seguridad. Es un porcentaje muy alto teniendo en cuenta que los escándalos conocidos en los últimos años no han sido en sectores nicho, ni han afectado a un número reducido de personas. Estaríamos hablando de que un tercio de la población podría estar pensando que Facebook, por ejemplo, usa los datos de usuarios como un santo. De hecho, el uso y registros de todas las apps de la compañía no deja de crecer, lo que nos posiciona, cuanto menos, como personas muy confiadas.

En qué nos afecta

Esta desinformación puede afectarnos a más niveles que el personal. Al final, quizá como personas individuales podemos pensar que no sería tan grave que salieran a la luz nuestros datos o nuestras conversaciones de una red social. Pero el riesgo no es únicamente individual. El analfabetismo digital de los individuos puede afectar a empresas y a la sociedad en general. ¿Cómo? por ejemplo, si un ciudadano no es consciente de los bulos que corren en Internet o de cuando un mensaje es spam, puede verse influenciado por páginas que le induzcan a un voto o a una actitud socialmente negativa para la convivencia colectiva.

En empresas, que los empleados que las forman no sean realmente conscientes de los peligros a los que se enfrentan cuando no hacen un uso responsable de la red, representa un gran riesgo. Podrían llegar a ponerse en peligro datos cruciales para las compañías, ya que, debemos tener en cuenta que quizá como personita individual no le “importemos” a ningún hacker en particular, pero la información de las empresas puede llegar a ser muy sensible y a tener muchos interesados detrás.

No estamos, pero ya vamos

Pero no todo pueden ser perspectivas catastrofistas y riñas. La puesta en vigor de reglamentos como el RGPD nos lleva a una sociedad más educada y más protegida en seguridad. Seguro que , juntos, llegaremos pronto a un Internet (casi) sin riesgos.

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Artículo redactado por:

Pedro Simón

Doctor en Derecho con mención internacional, que cuenta con una amplia experiencia docente como profesor en diversas instituciones (UdG, UOC, UNIR, ICAB) y que ha investigado ampliamente sobre el derecho digital, es autor de publicaciones como El régimen constitucional del derecho al olvido digital y El reconocimiento del derecho al olvido digital en España y en la UE: Efectos tras la STJUE de 13 de mayo de 2014.

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